Las imágenes y la mina. Andy Davies

El equipo del LAAV me invitó a acompañarles a una visita de trabajo a Ciñera con las mujeres de los mineros de la zona. LAAV tiene un proyecto audiovisual basado en imágenes rodadas por unos mineros que se encerraron en un mina el verano pasado para protestar contra las condiciones del cierre y la bancarrota de la mina. A grandes rasgos, su propuesta consiste en acercarse a las mujeres del pueblo con la intención de crear un grupo de trabajo en torno a los temas que ellas mismas quieran contar. La idea original es acompañar las voces de las mujeres de la minería con las imágenes rodadas bajo tierra por los mineros.

A mí me invitaron a raíz de que hace unos años edité un libro sobre el cine antropológico, o más bien sobre la imposibilidad de tal cine, y porque he programado muchas películas experimentales en distintas instituciones y festivales. LAAV tiene la doble intención de cuestionar no solo los procesos de producción del documental tradicional sino el lenguaje audiovisual en sí que se utiliza para ello. Este segundo aspecto es mi campo de especialización, aunque yo diría que es algo que esta en un segundo plano, o un efecto secundario, ya que si se consigue hacer las cosas de otra manera el uso de un lenguaje distinto será inevitable. De ahí que cuando Andy Warhol, ese gran enamorado de la fama y del dinero rancio, rodó algunas de sus películas sin siquiera cargar las bobinas entendía perfectamente que el proceso, de alguna manera, lo es todo.

En la mañana de la visita, montamos un proyector en el casino de Ciñera y vinieron una docena de mujeres a ver con nosotros el documental Harlan County USA, que describe una huelga muy dura en Kentucky en los años 70. Ahí todo es privado, incluyendo las fuerzas de seguridad, y todos el van armados. El peligro para los huelguistas es tan patente que son las mujeres las que se ponen en primera línea, y la película documenta cómo organizan la resistencia. Por mi parte, entiendo las razones por las que el equipo LAAV quiere mostrar este documental en Ciñera, pero no estoy convencido de que sea una buena idea. En el fondo es un tipo de cine reivindicativo que está en las antípodas de su trabajo. De Harlan County USA se puede preguntar “¿Qué pasó después?”. De los mineros no sabemos nada; de la directora, Barbara Kopple, esto:

Esta imagen resume literalmente algo de la incomodidad inherente a todo documental, que tiene que ver con la superposición de la imagen sobre la vida. Sin duda el trabajo de LAAV no va a acabar en ninguna alfombra roja: cuando se cede el control para emprender un trabajo colectivo en el campo audiovisual, los resultados son solo una parte de la obra, tal vez ni siquiera la parte más importante. Nadie sabe a ciencia cierta a qué se parece ese trabajo colectivo, no se puede decir si se ve en la pantalla o no; quizás está ahí pero no somos capaces de verlo. El lenguaje, cualquier lenguaje, tiene esto de paradójico: no hay nada que no se pueda decir, pero nunca se dice nada del todo.

A la hora de comer vamos a un restaurante del pueblo y nos acompaña una de las ‘mujeres del carbón’ que estuvo en Bruselas el día anterior invitada por Podemos. Nos cuenta que en muchos países de Europa se mantienen minas de carbón en activo aunque no sean viables económicamente, para asegurarse una variedad de fuentes de energía en el futuro. En España, en cambio, el Gobierno parece estar decidido a no hacer nada para mantener la industria. Me hizo pensar en la marcha de los mineros llegando a la Gran Vía de Madrid en 2012. La calle estaba abarrotada de Princesa a Cibeles. Pensé que esa imagen de tantísima gente aplaudiendo y apoyando a los mineros debería llegar a notarse hasta en las esferas del poder. Hay algo icónico en la solidaridad de y con los mineros que es difícil de domar. En Inglaterra, Margaret Thatcher entendía perfectamente que acabar con los mineros era clave para conseguir sus propósitos, y en el Madrid de Aguirre y Gallardón hasta le dedicaron una plaza. Al final son imágenes que sirven para unos y para otros.

Las manifestaciones y las protestas son un tema difícil para la gente que hace películas y vídeos. Tienen que lidiar con la invisibilidad del poder, con lo difícil de su representación y con la intuición de que existe algo igualmente contradictorio en la fácil iconografía de la rebelión y la resistencia.

Por la tarde, en Ciñera hay una reunión de trabajo. Vienen muchas mujeres y unos pocos hombres, la sala se llena y las mujeres empiezan a hablar. Una de las primeras personas en hablar es una madre joven que cuenta cómo los antidisturbios entraron en el pueblo a golpe de porra durante las protestas que hubo en Ciñera en 2012. Escuchar su relato en primera persona es entender cómo se siente uno ante la violación del espacio familiar, del hogar, de una manera visceral e indiscutible. Pero vale la pena echar un vistazo a las imágenes de esta misma protesta.

En una primera lectura de estas imágenes, que se intuye la de los realizadores del vídeo, se ve muy claramente la desigualdad de los medios: petardos y piedras contra balas de goma y botes de humo, solidaridad contra la fuerza profesionalizada, y la valentía de los mineros frente a la inevitable imposición del poder. Pero seguramente ha habido una segunda lectura más atenta a los detalles, basada en congelar cada fotograma y registrar la indumentaria de cada manifestante. Esto sería la lectura de las fuerzas del orden, una lectura que muchas veces acaba en los juzgados, donde el verdadero peligro de una imagen se revela en toda su crudeza. Pero en el caso de LAAV, que está haciendo un trabajo sobre las mujeres de la minería, hay tal vez una tercera lectura en la cual los hombres son los protagonistas del relato y las mujeres aparecen al final para comentar y explicar los acontecimientos. Y aquí también se nota que es difícil hacer ver algunas cosas y muy fácil hacer ver otras.

Al final de la reunión pide la palabra Conchi Unanue Cuesta, antropóloga que forma parte del equipo de LAAV. Después de presentar sus credenciales, de clase obrera y nacida en la zona minera de León, explica que a LAAV le interesa sobre todo las historias de las mujeres y quieren que sean ellas las protagonistas del proyecto. Y que eso requiere indagar más acerca de sus propias vidas y no solamente sobre las condiciones de trabajo y las circunstancias de los mineros. Es un momento interesante porque LAAV propone fomentar un trabajo colectivo, en ningún caso asumir el mando, pero a la vez evitar que el proyecto se convierta en algo casi exclusivamente centrado en los hombres. A mí me parece necesario que el proyecto siempre esté equilibrado así, lo paradójico es precisamente lo que pone en valor el planteamiento. Pero es un planteamiento que implica un cierto posicionamiento por parte del equipo de LAAV y de las mujeres del pueblo. Es muy difícil dejar de pensar en los resultados de un proceso de trabajo lo suficiente como para facilitar la autonomía en su gestión, tener la paciencia y el tiempo suficiente para que el proyecto vaya tomando su curso sin rumbo preestablecido.

Y hay algo más, una dificultad añadida, que tiene que ver con las expectativas del público que suele interesarse por ver un documental o un trabajo audiovisual. Estamos muy acostumbrados a ver películas hechas desde el punto de vista y con el estilo de un director en particular, una voz única y un ritmo de montaje que une todo el material filmado. Quizás el reto mas difícil para LAAV sea precisamente encontrar un público dispuesto a asimilar algo distinto, capaz de abrirse a escuchar la suma de voces y perspectivas de un trabajo colectivo que no esté sujeto a la cadena de mando tan enraizada en nuestra cultura audiovisual.


Andy Davies
es comisario de video y cine. Entre 1998 y 2000 trabajó como realizador para exposiciones en el CCCB de Barcelona. Desde 1998 hasta 2008 coordinó Sonar Cinema dentro del festival Sonar, fue co-fundador del programa de cine experimental X-Centric en el CCCB y dirigió el festival de audiovisuales en directo Play en La Casa Encendida en Madrid entre 2006 y 2013. En 2012 organizo la exposición “La Imagen Transitada” en L’Espai Barcelona, en 2013 “Common Sense, Luke Fowler” en La Casa Encendida, Madrid y en 2014 “Llora cuando te pase, Laida Lertxundi” en Azkuna Centroa.